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Doctrina

Creemos que la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo es una, universal e indivisible, formada por todos los hombres y mujeres, sin distinción de nacionalidad, idioma, color o costumbres, que hayan aceptado a Nuestro Señor Jesucristo como su único Salvador y hayan sido bautizados en agua en el Nombre de Jesucristo (Hch. 2:38; Le. 24:47; Col. 3:17).

Creemos que hay un solo Dios que se ha manifestado al mundo en distintas formas a través de las edades y que especialmente se ha revelado como Padre en la creación del universo, como Hijo en la redención de la humanidad y como Espíritu Santo derramándose en los corazones de los creyentes. (Dt.6:4; 1Co.8:5-6; Is.44:6-8; 45:18; 52:1; 1Jn.5:20).

Creemos que Jesucristo fue concebido milagrosamente en el vientre de la virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo. El mismo Dios del A.T. tomó forma humana. Por lo cual creemos que en Jesucristo es el único y verdadero Dios, pues en El se mezclaron en una forma perfecta e incomprensible los atributos Divinos y la naturaleza humana por eso se le llama Hijo de Dios e Hijo del Hombre (Is. 7:14; 52:6; 60:1-3; Le. 1:35; Jn. 1:14; Ro.9:5;ITim 3:16).

Creemos en el bautismo del Espíritu Santo, prometido por Dios en el A.T. y derramado después de la glorificación del Señor Jesucristo, que es quien bautiza con el Espíritu Santo(Jl. 2:28-29; Jn. 7:37-39; 14:16-26; Hch. 2:1-4).La demostración de que una persona ha sido bautizado con el Espíritu Santo son las nuevas lenguas o idiomas que el creyente puede hablar y estas señales también para nuestro tiempo.

Creemos que el bautismo en agua y en el Nombre de Jesucristo es para salvación y perdón de pecados, el cual debe ser administrado por un ministro ordenado. El bautismo debe ser por inmersión porque solo así se representa la muerte del hombre al pecado, que debe ser semejante a la muerte de Cristo (Ro. 6:1-6), además esta es la forma en que los apóstoles y ministros bautizaron en la edad primitiva (Mc.16:16; 1P.3:21; Hch. 2:38; 8:16; 10:43-48; 19:5; 22:16; Gl.3:27-29; 2Corintios 5:17).

Creemos en la práctica literal de la cena del Señor, que El mismo instituyó. (Mt. 26:26-29; 1Co. 11:23-26)

Creemos en la resurrección literal de nuestro Señor Jesucristo. (ICo. 15:1-8; Le. 24:1-12; Hch. 2:31-32).

Creemos que habrá una resurrección literal de los muertos en el Señor, en la cual ellos serán cubiertos con un cuerpo glorificado, con el cual vivirán para siempre en la presencia del Señor. (Hch. 24:15; 1Ts. 4:16; ICo. 15:35-54). También habrá resurrección de injustos, pero estos despertaran del sueño de la tumba para ser juzgados y oír la dura sentencia que les hará herederos del fuego eterno. (Mt. 22:30; Jn. 5:29; Ap. 20:12-15; Dn.12:2).

Creemos en el Rapto de la Iglesia (1Ts. 4:13-17; ICo. 15:51-54; Fu. 3:20-21). Creemos que el Señor vendrá a la tierra y establecerá su gobierno por mil años (Is. 65:17-25; Ro. 11:25-27; Ap. 20:1-5). Creemos que habrá un juicio en el cual serán juzgados todos los hombres y mujeres que hayan muerto sin Cristo y los que estén sobre la tierra en el tiempo de su verificación (Dn.7:9-10; Hch. 10:42; Ap. 20:11).

Creemos que habrá un juicio en el cual serán juzgados todos los hombres y mujeres que hayan muertos sin Cristo y los que esté sobre la tierra, en el tiempo de su verificación. Este juicio se efectuará al final del milenio y también se conoce con el nombre del juicio del trono blanco (Gn. 18:25; Dn.7:9-10; Hch. 10:42; 2Ti. 4:1; Ro. 2:16; 14:10; Ap. 20:11; ICo. 6:2-3).

Creemos que Dios tiene poder para sanar todas nuestras dolencias físicas, si así es su voluntad y que la sanidad divina es un resultado del sacrificio de Cristo, pues El llevo nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores (Is. 53:4). La sanidad del cuerpo se efectúa por una combinación de la fe del creyente y del poder del Nombre de Jesucristo que se invoca sobre el enfermo.

Creemos que todos los miembros del cuerpo de Cristo deben ser santos, es decir apartados del pecado y consagrados al servicio de Dios. Por esta razón deben abstenerse de toda clase de practicas, diversiones e inmundicias de la carne y del Espíritu (Lv.19:2; 2Co. 7:1: Ef. 5:26-27; 1Ti. 4:3-4; 2Ti. 2:21; Hch. 12:14; 1P. 1:16-17).

Creemos que el matrimonio es sagrado, pues fue establecido desde el principio y es honroso en todos (Gn. 2:21-24; Mt. 19:1-5; He.13:4). Los matrimonios deben verificarse de acuerdo con las leyes del país y luego solemnizar en la iglesia, según la practica aprobada. Las parejas que no hayan legalizado su unión y desean bautizarse, deben cumplir primeramente con los requisitos de las leyes civiles. El matrimonio es una unión que debe perdurar mientras viven los dos cónyuges, al morir uno de ellos, el otro esta libre para casarse y no peca si lo hace en el Señor (Ro. 7:1-3; ICo. 7:39). Los matrimonios deben verificarse exclusivamente entre miembros fieles de la iglesia (1Co. 6:14-16). Ningún ministro deberá casar a un miembro de la iglesia con una persona inconversa.

Creemos en la separación del estado y la iglesia y que ninguno debe intervenir en los asuntos íntimos del otro, pues aquí se cumple el precepto bíblico de dar lo que es de Cesar a Cesar y lo que es de Dios a Dios (Mt. 12:17).Los cristianos pueden tomar participación en actividades cívicas de acuerdo a su capacidad e inclinación política, pero siempre reflejando sus ideas personales y no las de la iglesia, que siempre es neutral y tiene cabida para los hombres de todos los credos políticos, al mismo tiempo todos los cristianos deben obedecer a las autoridades civiles y todas las leyes y disposiciones que de ellas emanen.

Creemos que a la luz de la palabra de Dios, que hay pecado de muerte, y que si este es cometido en los términos que expresa la misma Biblia se pierda el derecho de salvación (Un. 5:16-17; Mt. 12:31-32; Heb.6:4-6; 10:2-27). Por tanto, recomendamos que todos los fíeles se abstengan de dar oído a doctrina en que se promete seguridad eterna al cristiano, sin importar su conducta (Gl.3:2-5; 5:3-4; 1TL 4:1) y la idea que una vez salvo siempre salvo pues la Biblia enseña que es posible ser reprobado y se necesita ser fiel hasta el fin (Ro. 2:6-16; ICo. 9:26-27; 2Co. 13:5).

Creemos que el sistema que la Biblia enseña para la obtención de fondos necesarios, para el cumplimiento de la obra es el de diezmos y ofrendas que debe ser practicado por ministros y creyentes igualmente (Gn. 14:20; 28:22; Mal. 3:8-10; Mt. 23:23; Le. 6:38; ICo. 16:1-2; 2Co. 8:1-6; 9:6-12; 11:7-9; ITi. 5:17-18; 6:17-19; Gl.6:6-10; Flp. 4:10-19; Heb. 13-16).

Creemos que el ministerio es un llamamiento de Dios y que el Espíritu Santo confiere a cada ministro la facultad de servir a la iglesia en distintas capacidades y con distintos dones cuyas manifestaciones son todas para edificación del cuerpo de Cristo (Ef. 4:11-12; Le. 4:10; Mt. 4:18-20; 9:9; Heb.13:2-3).

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